Durante los primeros meses de vida, gran parte del desarrollo del bebé ocurre en un lugar mucho más sencillo de lo que parece: el suelo.
Rodar, apoyarse sobre los brazos, intentar alcanzar un juguete, girar sobre sí mismo, desplazarse, gatear o incorporarse son experiencias que ayudan al bebé a conocer su cuerpo y a aprender cómo utilizarlo. La psicomotricidad del bebé se construye poco a poco a través del movimiento, la repetición y la interacción con el entorno.
Por eso, preparar un espacio seguro para moverse, elegir una ropa que no limite y evitar un calzado innecesario durante las etapas previas a la marcha puede ser más importante que buscar productos diseñados para “enseñar” al bebé a caminar.
El suelo le da algo difícil de sustituir: libertad para probar.
Qué es la psicomotricidad en el primer año
La psicomotricidad hace referencia a la relación entre el movimiento, el desarrollo corporal, la percepción y la interacción del bebé con su entorno.
Durante el primer año se producen cambios enormes. Un bebé que inicialmente depende por completo del adulto empieza progresivamente a controlar la cabeza, girarse, mantenerse sentado, desplazarse y, en muchos casos, ponerse de pie.
Pero este proceso no sigue un calendario idéntico para todos.
Motricidad gruesa y fina: dos aprendizajes que avanzan juntos
La motricidad gruesa incluye los movimientos en los que participan grandes grupos musculares: sostener la cabeza, girarse, sentarse, gatear, ponerse de pie o caminar.
La motricidad fina se relaciona con acciones más precisas, como alcanzar un objeto, cambiarlo de una mano a otra o manipular piezas de diferentes formas.
Aunque se suelen explicar por separado, ambas se relacionan continuamente.
Un bebé tumbado en el suelo puede necesitar estabilizar el tronco para liberar una mano y alcanzar un juguete. Cuando gatea hacia un objeto, combina desplazamiento, equilibrio, orientación espacial y coordinación de las manos.
El desarrollo ocurre de forma integrada.
Los hitos del desarrollo no son una carrera
Control cefálico, giros, sedestación, desplazamiento, gateo, bipedestación y marcha son algunas de las habilidades que suelen aparecer durante el desarrollo motor.
Sin embargo, existe una variabilidad considerable entre bebés.
Dos niños de la misma edad pueden encontrarse en momentos diferentes y evolucionar dentro de la normalidad. Comparar continuamente cuándo se sentó, gateó o caminó un bebé con respecto a otro puede generar una preocupación innecesaria.
Más que perseguir una fecha exacta, conviene observar la evolución global: que exista interés por moverse, adquisición progresiva de habilidades y una utilización relativamente equilibrada del cuerpo.
Por qué el suelo es el mejor “gimnasio” del bebé
A veces se buscan demasiados estímulos cuando el bebé todavía necesita algo mucho más básico: espacio.
En una superficie estable y segura puede experimentar con su propio cuerpo sin que un dispositivo marque la posición que debe mantener.
Puede apoyar, empujar, equivocarse, cambiar el peso de un lado a otro y volver a intentarlo.
Libertad de movimiento
Una hamaca, una silla o un dispositivo de contención pueden ser útiles en momentos concretos del día, pero mantienen al bebé en posiciones determinadas.
En el suelo ocurre lo contrario.
El bebé decide hacia dónde mirar, qué brazo utilizar para alcanzar un objeto, cómo girarse o qué estrategia probar para desplazarse. Cada intento aporta información sobre el propio cuerpo y sobre el espacio que lo rodea.
Por eso, el objetivo no debería ser colocar al bebé directamente en la posición que queremos que consiga, sino crear oportunidades para que pueda llegar progresivamente a ella.
Músculos que trabajan de forma coordinada
Estar en el suelo implica mucho más que fortalecer brazos y piernas.
Cuando el bebé intenta levantar la cabeza, girarse o alcanzar un juguete se produce un trabajo coordinado del cuello, tronco, cintura escapular, pelvis y extremidades.
Posteriormente, durante los desplazamientos, el bebé aprende también a transferir el peso de una zona del cuerpo a otra.
Son pequeñas experiencias que preparan habilidades posteriores más complejas.
Manos y pies también reciben información
El contacto con una superficie permite sentir presión, temperatura y diferentes texturas.
Cuando el bebé apoya las manos para incorporarse o los pies durante sus primeros intentos de ponerse de pie, el cerebro recibe información sobre dónde está el cuerpo y cómo está colocado.
Por eso tiene sentido evitar barreras innecesarias. En un entorno doméstico seguro y con una temperatura adecuada, dejar los pies libres permite que los dedos se muevan y que la planta contacte directamente con la superficie.
Beneficios del tiempo en el suelo que van más allá de caminar
El tiempo de suelo no sirve únicamente para conseguir que el bebé gatee o camine antes. De hecho, ese no debería ser su objetivo.
Su función es ofrecer oportunidades de movimiento y exploración.
Coordinación entre ambos lados del cuerpo
Muchos desplazamientos infantiles implican coordinar el lado derecho y el izquierdo.
En el gateo cruzado, por ejemplo, se producen movimientos alternos entre brazos y piernas de lados opuestos. Este tipo de organización motora supone un ejercicio de coordinación global.
Pero el desarrollo no depende de realizar un único patrón perfecto. Los bebés pueden utilizar distintas formas de desplazamiento durante su evolución.
Coordinación entre la vista y el movimiento
Moverse hacia un juguete obliga al bebé a observar dónde está, estimar la distancia y organizar su cuerpo para alcanzarlo.
La visión pasa así de recibir estímulos de forma pasiva a participar en una acción.
El bebé mira, se mueve, comprueba el resultado y vuelve a ajustar. Esta relación entre percepción y movimiento se repite continuamente durante la exploración.
Orientación en el espacio
Moverse permite empezar a comprender conceptos que todavía no pueden expresarse con palabras.
Un juguete puede estar cerca o lejos. Un objeto puede quedar detrás de otro. Una mesa puede impedir avanzar en línea recta y obligar a buscar otra dirección.
Todo esto se descubre moviéndose.
Control del cuello, tronco y pelvis
Antes de la marcha hay mucho trabajo previo.
El control de la cabeza, la estabilidad del tronco, la capacidad de cambiar de posición y la coordinación entre la parte superior e inferior del cuerpo forman parte del proceso.
Por eso no tiene mucho sentido intentar acelerar únicamente el momento de caminar. Los pasos independientes son la parte visible de una construcción que lleva meses desarrollándose.
Tummy time: la base del movimiento en los primeros meses
El tummy time es el tiempo que el bebé pasa boca abajo mientras está despierto y supervisado.
Esta posición permite trabajar progresivamente el control de la cabeza y el apoyo sobre los miembros superiores.
No significa colocar al bebé boca abajo y dejarlo llorar durante largos periodos. La experiencia debe adaptarse a cada niño.
Cuándo empezar
El contacto con la posición boca abajo puede introducirse desde las primeras etapas, durante periodos breves y siempre con supervisión.
Al principio no tiene por qué hacerse únicamente sobre una manta. El bebé puede permanecer boca abajo sobre el pecho del adulto, por ejemplo, favoreciendo el contacto visual y haciendo que la experiencia sea más agradable.
Mejor sesiones breves y frecuentes
Cuando un bebé todavía no tolera bien la posición boca abajo, suele ser más útil repartir la experiencia en momentos pequeños a lo largo del día que insistir en una sesión larga.
Con el tiempo, y a medida que desarrolla más control, podrá mantenerse durante periodos mayores y empezar a apoyarse sobre antebrazos y manos.
Juguetes, espejos y contacto cara a cara
No hace falta convertir el suelo en una sala llena de estímulos.
Un objeto colocado a una distancia alcanzable, un espejo seguro para bebés o la cara de una persona conocida pueden ser suficientes para motivar el movimiento.
La clave está en invitar, no en forzar.
¿Qué hacer si llora al ponerlo boca abajo?
Es frecuente que algunos bebés protesten al principio.
En estos casos se puede empezar con una posición más inclinada, colocarlo sobre el pecho del adulto o realizar periodos muy cortos.
Si el rechazo es intenso, persistente o se acompaña de otras dificultades de movimiento, conviene comentarlo con el pediatra o el fisioterapeuta infantil.

Tipos de gateo: no existe una única forma de desplazarse
El gateo cruzado es probablemente la imagen que todos tenemos en mente: el bebé avanza sobre manos y rodillas alternando las extremidades.
Pero no todos los bebés se desplazan de esta forma.
Gateo típico o cruzado
El bebé avanza utilizando manos y rodillas con un patrón alterno.
Es una forma frecuente de desplazamiento y exige coordinación, estabilidad del tronco y transferencia del peso corporal.
Gateo de oso y desplazamiento por arrastre
Algunos bebés avanzan apoyando manos y pies, manteniendo las rodillas elevadas. Otros comienzan desplazándose con el abdomen más próximo al suelo.
Son estrategias diferentes para resolver un mismo problema: llegar de un lugar a otro.
Desplazamiento sentado
También existen bebés que avanzan sentados, utilizando las manos y las piernas para impulsarse.
Cuando un patrón es muy asimétrico, siempre se realiza utilizando el mismo lado o genera dudas sobre el desarrollo general del bebé, merece la pena consultarlo con un profesional.
¿Y si el bebé no gatea?
Algunos bebés pasan de otros tipos de desplazamiento a ponerse de pie y caminar sin realizar un periodo claro de gateo tradicional.
No gatear, por sí solo, no permite concluir que exista un problema.
Es más importante valorar el desarrollo de forma global que convertir un único hito en una prueba que todos los bebés deben superar de la misma manera.
Cómo preparar un suelo seguro y estimulante
“Tiempo de suelo” no significa colocar al bebé en cualquier superficie y esperar.
El entorno debe permitir libertad de movimiento sin crear riesgos innecesarios.
Una superficie estable
Las superficies excesivamente blandas pueden dificultar los apoyos porque manos y rodillas se hunden.
Una base relativamente firme, limpia y con suficiente adherencia suele facilitar el movimiento. Sobre ella puede utilizarse una esterilla adecuada o una superficie preparada para el juego.
Temperatura agradable
Un suelo demasiado frío puede hacer que el bebé esté incómodo y reducir sus ganas de explorar.
En esos casos se puede acondicionar la superficie o utilizar una capa adecuada sin convertir el espacio en una superficie tan blanda que dificulte los movimientos.
Texturas variadas
Las manos y los pies son grandes vías de exploración.
Ofrecer superficies con diferentes texturas puede enriquecer la experiencia sensorial, siempre seleccionando materiales seguros, no abrasivos y adecuados para la edad.
La variedad no necesita ser extrema. Tejidos suaves, madera lisa, una esterilla o césped en un entorno seguro ya ofrecen sensaciones diferentes.
Higiene sin obsesiones
Cuando hay mascotas en casa, conviene mantener la superficie limpia y controlar pequeños objetos, restos de comida o elementos que el bebé pueda llevarse a la boca.
No se trata de crear un entorno estéril, sino seguro.
Juguetes que invitan a moverse
Los juguetes más útiles para el movimiento no son necesariamente los más complejos.
Un objeto atractivo colocado ligeramente fuera del alcance puede motivar un giro, un cambio de apoyo o un pequeño desplazamiento.
Lo importante es que el estímulo invite al bebé a participar activamente.
Cuánto tiempo de suelo al día es razonable
No existe una cifra universal que sirva para todos los bebés y todas las edades.
Además, el concepto de tiempo de suelo cambia con el desarrollo. Siempre que el bebé esté sano y alerta
De 0 a 3 meses
Durante esta etapa pueden introducirse momentos breves de posición boca abajo supervisada y aumentar progresivamente según la tolerancia del bebé.
De 3 a 6 meses
El suelo empieza a convertirse en un espacio cada vez más interesante.
El bebé puede pasar más tiempo explorando giros, apoyos y objetos situados a su alrededor.
De 6 a 12 meses
A medida que aparecen la sedestación, los desplazamientos y los intentos de incorporarse, el espacio disponible cobra todavía más importancia.
En esta fase, el suelo debería formar parte de la rutina diaria y no ser únicamente una actividad puntual.
La fatiga también forma parte del proceso
Bostezos, irritabilidad, pérdida de interés o dificultad para continuar una actividad pueden indicar que es momento de descansar o cambiar de propuesta.
Más tiempo no siempre significa mejor estimulación. El movimiento también necesita pausas.

Ropa, calcetines y calzado en la fase preandador
Un bebé puede tener espacio para moverse y, sin embargo, encontrar pequeñas barreras en algo tan cotidiano como la ropa.
Ropa cómoda que permita mover caderas y rodillas
Las prendas excesivamente rígidas o ajustadas pueden dificultar algunos movimientos.
La ropa de suelo debe permitir flexionar las caderas, separar las piernas, apoyar las rodillas y cambiar de posición sin resistencia.
No se trata de utilizar prendas especiales, sino de comprobar que la ropa acompaña el movimiento.
Pie descalzo dentro de casa
Cuando la temperatura y la seguridad del entorno lo permiten, el pie descalzo es una buena opción durante las etapas previas a la marcha.
Los dedos pueden moverse con libertad y la planta mantiene contacto directo con la superficie.
En esta fase el pie no necesita un zapato para “formarse” ni para aprender a caminar.
Calcetines antideslizantes cuando el suelo lo requiere
Cuando hace frío o la superficie es muy resbaladiza, un calcetín antideslizante puede funcionar como solución intermedia.
Debe mantenerse correctamente colocado, no comprimir el pie y permitir mover los dedos.
Un calcetín demasiado grande que gira alrededor del pie también puede convertirse en una dificultad para el movimiento.
Por qué un zapato rígido antes de caminar no ayuda
Durante la etapa de gateo no existe una necesidad funcional de utilizar calzado convencional dentro de casa.
Una estructura rígida añade peso y limita parte del movimiento del pie sin ofrecer una ventaja para aprender a desplazarse.
El momento de pensar en el primer zapato llegará después, cuando caminar por el exterior haga necesaria la protección.
Andadores, saltadores y parques: herramientas que no sustituyen al suelo
En la vida cotidiana existen momentos en los que las familias necesitan colocar al bebé en un espacio delimitado y seguro.
El problema aparece cuando los dispositivos de contención sustituyen una parte importante de las oportunidades de movimiento libre.
Andadores tipo “taca-taca”
Los andadores con ruedas no enseñan al bebé a caminar.
Permiten desplazarse utilizando una mecánica diferente a la marcha autónoma y pueden facilitar que el niño alcance zonas u objetos que normalmente quedarían fuera de su alcance.
Por estas razones, diferentes profesionales de la pediatría y la fisioterapia infantil desaconsejan su utilización.
Saltadores y dispositivos similares
Pueden utilizarse como una actividad puntual en algunos contextos, pero mantener al bebé durante largos periodos en un patrón repetitivo no sustituye la variedad de movimientos que aparece en el suelo.
El parque de juegos puede ser útil, pero tiene límites
Un parque puede crear un espacio seguro durante determinados momentos del día.
Sin embargo, cuanto mayor es el bebé y más capacidad de desplazamiento adquiere, más importante resulta ofrecerle también espacios amplios donde pueda explorar diferentes distancias y direcciones.
El parque es una herramienta. El suelo es el entorno de aprendizaje.
Pantallas vs suelo: la verdadera competencia por el movimiento
El gran competidor actual del tiempo de movimiento no siempre es el andador.
Muchas veces es la pantalla.
Una pantalla puede mantener la atención del bebé sin exigir desplazamiento, manipulación de objetos o exploración activa del espacio.
Mirar no equivale a explorar
En el suelo, un objeto obliga al bebé a participar: observar, girarse, intentar alcanzarlo, cambiar el apoyo y volver a intentarlo.
Ante una pantalla, gran parte de la información llega sin necesidad de acción corporal.
Esa diferencia es importante.
En bebés, la interacción tiene más valor
Durante los primeros años, jugar en el suelo, escuchar voces conocidas, mirar rostros, tocar objetos y moverse libremente aporta experiencias que una pantalla no puede reproducir del mismo modo.
La idea no es construir rutinas perfectas, sino evitar que el tiempo pasivo desplace continuamente las oportunidades de movimiento.
Cómo integrar el suelo en el día a día
No es necesario reservar una hora denominada “sesión de psicomotricidad”.
El tiempo de suelo puede aparecer varias veces durante la jornada: después de cambiar al bebé, durante un rato de juego, antes del baño o en pequeños momentos compartidos en familia.
Cuanto más cotidiano sea, menos se sentirá como una tarea.
Cuándo consultar al pediatra o al fisioterapeuta infantil
La variabilidad forma parte del desarrollo, pero esto no significa que haya que ignorar cualquier señal que genere preocupación.
Una valoración profesional puede ser aconsejable cuando se observan diferencias persistentes o una evolución que no progresa.
Falta de control de la cabeza
Si el control cefálico no evoluciona como se espera durante los primeros meses, conviene comentarlo con el pediatra.
Poco interés por cambiar de posición o desplazarse
No todos los bebés gatean, pero la ausencia de iniciativa de movimiento o exploración debe valorarse dentro del desarrollo general del niño.
Asimetrías persistentes
Utilizar siempre el mismo lado, arrastrar de forma constante una extremidad o mantener posiciones claramente asimétricas son motivos para consultar.
Pérdida de habilidades
Cuando un bebé deja de realizar una habilidad que ya había adquirido de forma estable, es recomendable solicitar valoración profesional.
Las señales deben interpretarse en conjunto. Una observación aislada no permite establecer un diagnóstico, pero las dudas de la familia también merecen ser escuchadas.
Primer zapato: cuándo llega el momento de calzar
El calzado infantil tiene una función principal: proteger.
Antes de que exista una marcha autónoma por el exterior, esa protección normalmente no es necesaria dentro de un entorno seguro.
El zapato llega con la necesidad, no con una fecha
Cumplir una determinada edad no significa que haya llegado el momento de comprar el primer calzado.
Cada bebé evoluciona a un ritmo diferente.
Cuando empieza a caminar de forma autónoma por espacios exteriores y necesita protección frente a temperatura, suciedad o superficies que puedan dañarle, el zapato empieza a tener una función.
Flexible y ligero
Un primer zapato no debería convertirse en una armadura.
Una estructura ligera y flexible permite que el pie participe en el movimiento sin tener que vencer constantemente la resistencia del calzado.
La suela debe acompañar la flexión del pie durante el paso.
Una puntera adaptada a la forma de los dedos
La parte delantera necesita espacio suficiente para que los dedos no permanezcan comprimidos entre sí.
Una puntera amplia permite mantener la posición de los dedos y ofrece espacio para sus pequeños movimientos durante el apoyo.
Suela fina y sin desnivel innecesario
Una suela fina reduce la distancia entre el pie y la superficie y evita añadir un exceso de material bajo el pie.
Además, un diseño sin diferencia de altura entre talón y parte delantera mantiene el pie sobre una base plana.
Un ajuste que acompañe
El zapato tampoco debe quedar suelto.
La amplitud de la puntera no significa comprar varias tallas más ni permitir que el pie se desplace dentro del calzado. El ajuste debe mantener el zapato estable sin comprimir.
Modelos como Lejan One® Kids parten precisamente de esta idea: proteger el pie durante los primeros pasos en el exterior mediante una construcción ligera y flexible y una puntera con espacio para los dedos.
El zapato no enseña a caminar. Su trabajo es mucho más sencillo: acompañar cuando la protección empieza a ser necesaria.

Preguntas frecuentes sobre psicomotricidad, suelo y calzado
¿Es malo que mi bebé no gatee?
No necesariamente. Existe variabilidad en las formas de desplazamiento y algunos bebés no realizan un periodo claro de gateo tradicional.
Conviene observar el desarrollo global y consultar cuando existen asimetrías persistentes, falta de progresión o cualquier otra señal que genere preocupación.
¿Hasta cuándo es recomendable el tiempo de suelo?
El suelo continúa siendo un espacio de juego y movimiento incluso después de empezar a caminar.
Con la edad cambiarán las actividades: primero giros y apoyos; después desplazamientos, incorporaciones, juegos de equilibrio, carreras y saltos.
¿El bebé debe ir descalzo por casa?
Cuando la temperatura y la seguridad de la superficie lo permiten, puede permanecer descalzo.
En suelos fríos o resbaladizos se pueden utilizar calcetines antideslizantes que no compriman el pie ni dificulten el movimiento de los dedos.
¿Cuándo hay que comprar el primer par de zapatos?
Cuando el bebé empieza a caminar de forma autónoma en exteriores y necesita protección.
Durante el gateo o los desplazamientos previos dentro de casa, el calzado no es necesario por el simple hecho de que el bebé haya cumplido determinada edad.
¿Los andadores ayudan a caminar antes?
El andador no reproduce el patrón de la marcha autónoma ni sustituye el aprendizaje que ocurre al cambiar de postura, desplazarse por el suelo, incorporarse con apoyo y practicar el equilibrio.
Además, los andadores con ruedas añaden riesgos de accidentes domésticos, por lo que su utilización está ampliamente desaconsejada.
¿Cuánto tiempo boca abajo es seguro?
La posición boca abajo debe realizarse mientras el bebé está despierto y bajo supervisión.
Puede comenzar con periodos cortos y frecuentes e ir aumentando progresivamente según la edad, la tolerancia y la evolución del bebé. Durante el sueño deben seguirse siempre las recomendaciones de descanso seguro indicadas por los profesionales sanitarios.
El desarrollo necesita espacio, no prisa
Acompañar la psicomotricidad del bebé no consiste en intentar que cada hito llegue antes.
Consiste en crear las condiciones para que pueda explorar.
Un suelo seguro. Tiempo. Ropa que permita moverse. Objetos que despierten curiosidad. Pies libres cuando el entorno lo permite. Y, cuando caminar fuera de casa haga necesaria la protección, un calzado que acompañe el movimiento en lugar de imponerlo.
Porque durante los primeros meses, antes de aprender a caminar, el bebé está aprendiendo algo todavía más importante: cómo funciona su propio cuerpo.
Mets-toi à l'épreuve
Réponds aux questions pour vérifier ce que tu sais.
1. ¿Qué espacio favorece más el movimiento libre del bebé?
2. Cuando el bebé todavía no camina, lo más recomendable es…
3. ¿Qué característica es importante en el calzado durante los primeros pasos?
4. ¿Todos los bebés alcanzan los hitos motores a la misma edad?
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